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“No es país para viejos” la opinión de Ruth Alaz

“NO ES PAIS PARA VIEJOS”

Soy de esa generación en la que a nuestros mayores estaban en casa hasta el final de sus días, de los que respetábamos y admirábamos a la vez que aprendíamos de su sabiduría, y es que como se dice: ”la experiencia es un grado”, puede ser porque me crie en un pueblo y todo es más cercano, la figura de nuestros mayores era muy importante, esa necesidad, no implícita pero si moral, de hacer por ellos lo que antes hicieron por nosotros, también entiendo las nuevas necesidades que se plantean, como nuevas patologías que son necesarias de personal especializado, en nuestra época era la casa de las monjitas al lado del parque.

Por eso, ahora no entiendo, y me causa una gran indignación todo lo que está pasando, esta sociedad tan ingrata e hipócrita que sale a aplaudir a sus balcones todos los días vea a nuestros mayores como una estadística o un porcentaje diario, dejándolos morir en soledad. Se habla mucho de esa generación que nació en guerra, con miseria, con lucha por los derechos que ahora tenemos y estamos dejando perder, y que los estamos abandonando a su suerte, políticos que dicen que no se les lleve al hospital para no colapsar las urgencias como si dieran por hecho que deben morir, cobardemente haciendo elegir quien vive y quien muere a los “soldados” en primera línea de batalla que son nuestros sanitarios, con la carga emocional que eso implica, sumada a enfrentarse a esta guerra bacteriológica sin armas. Y son tan desagradecidos que cuando van a ayudar el ejército, después de haber sido repudiados, les ordenan que dejen de construir el hospital de campaña porque no es “estético”? aun muriendo muchas personas, se construye para descongestionar los hospitales, para que TODOS tengan las mismas posibilidades de salvarse, y así lo agradecen? Eso lo pueden hacer esas mentes que tienen médicos a domicilio pagados con los impuestos de los que están dejando morir y que no temen por sus vidas, y hablan a boca llena de no politizar el virus…el mundo al revés.

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Nuestros sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, militares, transportistas, trabajadores de alimentación, farmacia, información etc., se están enfrentando a esta situación a pecho descubierto, sin una ayuda, con muchas falsas promesas y sin ningún tipo de reconocimiento, son los otros grandes abandonados y que están pagando con sus vidas y poniendo en riesgos la de sus familiares, para el bienestar y la salud de los demás, algunos que no se lo merecen, toda esa panda de descerebrados que incumplen las normas, que se creen inmunes a todo, los más graciosos del patio, son unos insolidarios con el resto. También destacar los ya conocidos como “policías de balcón”, que creyendo que hacen una labor social, atacan e insultan a todo el que pasa por debajo, a menos que estén muy seguros de quien se trata, tampoco hay que excederse, seguro no lo hacen con mala intención, pero hay que entender los supuestos, de adultos y niños que tienen la necesidad de salir por patologías y que este encierro hace mella en sus rutinas, no es necesario marcarlos como si de un campo de concentración se tratase, igual que señalar a los que no salen a aplaudir al balcón, nadie sabe lo que pasa en cada casa, ni los sentimientos que cada uno tiene, si están tan interesados con preguntar vale, esto se está convirtiendo en naciosocialismo de censura.

Sin olvidarme de las empresas privadas y públicas, que antes que nadie se lo pidiera, por muchas medallas que se quiera colgar el gobierno o disfrazar sus tuit, se pusieron manos a la obra para ayudar con todo lo que está a su alcance, respiradores, pantallas, mascarillas, comida para los sanitarios y necesitados, una labor encomiable.

En esta guerra, están cayendo muchas caretas, se está viendo a las personas de verdad, que espero todos recordemos cuando esto acabe, ahí si tendremos que tener “memoria histórica”

y que paguen por todo lo que está pasando, por nuestros mayores, por TODOS, ahora no es el momento. Mucha fuerza, ánimo y mi pésame a todos los que perdieron un familiar, para mí no son números, ya más de 10.000 para “una simple gripe”, son familias y dolor.

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